Micaela en busca del Mago Sharman

 

 

 

MICAELA EN BUSCA DEL MAGO SHARMAN

ADRIANA CANABAL

el-estante.com.ar/historias digitales

 

Ilustración y armado de tapa: MACTOON

 

Todos los derechos reservados.

Este libro no puede ser reproducido, total o parcialmente, por ningún método gráfico, electrónico o mecánico, incluyendo los sistemas de fotocopia, registro magnetofónico o de alimentación de datos, sin expreso consentimiento de los titulares del Copyright.

 

ISBN : 978-987-20918-9-7

 

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723

Cantidad de ejemplares: 20.-

 

© María Adriana Canabal

© 2018, Ediciones El Estante/Historias Digitales

 

www.mactoon.com.ar

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Canabal, María Adriana

  Micaela en busca del Mago Sharman / María Adriana Canabal ; ilustrado por Mactoon. – 1a ed . – Ciudad Autónoma de Buenos

Aires : El Estante, 2018.

  CD-ROM, PDF

 

  ISBN 978-987-20918-9-7

 

  1. Narrativa Argentina. I. Mactoon, ilus. II. Título.

  CDD A863

 

Fecha de  Catalogación: 31-05-18

 

A todos aquellos que soñamos…

 


 

I.

 

Micaela estaba sentada en la cocina y jugaba con su oso de peluche.

Había sol y esperaba que su mamá le sirviera el almuerzo como siempre, todo un hermoso día para sus cuatro años.

La mamá estaba poniendo la comida en el plato cuando escuchó una noticia en el televisor que primero la sobresaltó, luego hizo que dejara de servir y, acercándose al aparato, subió su volumen y se sentó lentamente.

Micaela tenía hambre, si su mamá se sentaba y miraba la tele, jamás iba a comer.

– Mamá, tengo hambre – dijo Micaela.

Pero la mamá ni se movió.

Micaela intentaría otra cosa. Se bajó de la silla, se acercó y parándose al lado de la mamá con su mejor cara de “a mí no me querés” dijo:

– ¡¡ Maaamiii… !!, tengo mucha hambre…

Micaela vio que su mamá estaba llorando… y entonces se olvidó del hambre.

– Mami, ¿ qué te pasa ? – preguntó.

La mamá la miró, suspiró suavecito, le pasó la mano por la cabeza como cuando se iba a dormir y le dijo en voz muy baja:

– El Mago Sharman se fue…, se murió.

Micaela no entendía mucho. No entendía por qué lloraba la mamá ni quién era el Mago Sharman y mucho menos qué era eso de morirse, así que empezó por lo que ella consideraba más importante.

– Mamá… ¿ quién es el Mago Sharman ?…

La televisión mostraba el sonriente rostro de un señor de bigotes rodeado de personas que lo aplaudían, le sonreían con cariño o bien callaban para escucharlo. Parecían felices. Después pasaron imágenes de mucha, mucha gente que lloraba, muchas flores, todos estaban muy tristes… como la mamá de Micaela.

– ¡ Mamá !…, ¿ Quién es el Mago Sharman ? – insistió.

Sin dejar de mirar la tele, la mamá le explicó:

– El Mago Sharman era un señor como tu papá, aunque un poquito más grande, pero no tanto como tu abuelo. Vivía en un país muy lejos de aquí, del otro lado del mar. Él tenía pensamientos muy hermosos, decía palabras y frases muy bellas que a veces  juntaba para contar historias, las que algunos juntaban y las hacían libros. Otras veces las ponía de forma caprichosa y eran poesías, cuando a las poesías le ponía música se volvían canciones.

– AHHHH… – dijo Micaela y pensó para sí: “era escritor” – ¿ y por qué era Mago ?…

La mamá rió despacito en medio de tantas lágrimas como si Micaela no hubiera entendido lo que había dicho.

– Él era mago porque cambiaba las cosas. Cuando uno leía o escuchaba lo que decía, uno ya no podía dejar de pensar en ello y ya nada volvía a ser como antes. Te daban ganas de cambiar, de ser otro, de ser mejor. El Mago Sharman nos ayudaba a cambiar nuestras almas… nos hacía crecer.

– AHHH… – volvió a decir Micaela.

La noticia había terminado, la mamá se secó las lágrimas con la punta del delantal, luego se sonó la nariz con una toalla de papel y continuó sirviendo la comida.

Micaela se sentó y esperó su plato, todo volvía a ser como antes, qué tranquilidad. La mamá se sentó junto a ella y no habló demasiado mientras comían, perdida en sus propios pensamientos.

Micaela se entretuvo tratando de enrollar ella sola los fideos. “Cambiar las almas”, pensaba, “eso sí que es Magia de verdad”.

Pero para Micaela las cosas ya no volverían a ser como antes, la Magia del Mago Sharman irremediablemente ya había llegado hasta ella.

 

II.

 

La hora de la cena era de lo más interesante para Micaela. Estaban mamá y papá juntos, se contaban cosas y ella los podía escuchar o hablar también. Le gustaba mucho que sus papás la escuchasen con atención cuando hablaba, se sentía como ellos: “grande”.

Pero esa noche el papá estaba un poco distraído, parecía como si soñara con los ojos abiertos, se quedaba mirando la planta de la ventana o los dibujos del mantel y la mamá de Micaela le tenía que recordar que se le enfriaba la comida. Entonces, como si volviera de Marte se daba cuenta de que estaba sentado a la mesa, en su casa y se ponía a comer. Al ratito otra vez: la planta, los azulejos, la repisa…

Micaela lo quería retar. ¡ A ella la retaban cuando hacía una cosa así! Pero consideró que para eso estaba la mamá que era más grande. Por fin el papá habló, pero habló como si estuviera muy, muy lejos, casi como si no regresase aún de Marte.

– Hoy cremaron al Mago Sharman – y luego de decirlo, pareció como, si de pronto, se hubiese dado cuenta de que estaba en la cocina comiendo con su señora y su hijita Micaela.

La mamá de Micaela lo miró como si lo que había dicho fuera algo muy importante y a Micaela le interesaban las cosas “muy importantes”; además hacía como una semana que nada sabía del Mago Sharman, es más… hasta se había olvidado de él.

– ¿Qué es cremar ? – preguntó esgrimiendo el tenedor.

Los papis se miraron entre sí: el papi sorprendido y la mamá con ojos de reto. Nunca le habían dicho una mentira o habían evadido una pregunta de Micaela y ésta no sería la “primera vez”, es más, nunca existiría esa “primera vez”. Ellos siempre tratarían de ser sinceros o, al menos, lo más sinceros posibles con una nena de cuatro años.

El papá aceptó en silencio, como el comentario había sido suyo sería él quien respondería a la pregunta.

– Cremar es… bueno… la cremación es… – intentó explicar el papá.

“Debe ser importantísimo”, pensó Micaela, “mi papi no sabe cómo explicarlo. Importantísimo y dificilísimo”.

– Bueno, el Mago Sharman se murió… – intentó empezar el papá.

– Eso ya lo sé – le interrumpió Micaela a quien le fastidiaban las noticias viejas y sólo quería escuchar novedades o cosas que desconocía.

– Bueno… – retomó el papá -… morirse es como mudarse, uno deja su casa que es el cuerpo y se va a otro sitio donde ya no hace falta usar más la “casa”… es como si uno fuera a volar por el espacio.

“AHHH…”, pensó otra vez Micaela, por lo menos eso de morirse se le aclaraba un poco.

– ¿Y que es cremar ? – insistió Micaela.

– EHHHH… – balbuceó su papá. Pobre, había pensado que con la explicación anterior sería suficiente para satisfacer la curiosidad de Micaela, pero ella quería saber más, así que tomó aire e intentó continuar con la explicación.

– Cuando uno se va, la casa queda sola y ya nadie puede cuidarla, entonces comienza a envejecer muy deprisa. Nadie más la puede ocupar, así que ya no sirve, por lo que algunos la guardan en cajas por años; otros, como el Mago Sharman, le piden a los que se quedan que cuando ellos se vayan, la quemen. El Mago pensó que como su casa no volvería a ser usada por nadie y ya no servía como casa era mejor quemarla y se tiraran las cenizas al mar, a las montañas, a la tierra. Así por lo menos iban a servir para que crecieran las flores o los árboles o para que formaran parte del océano.

Micaela no comprendió muy bien todo lo que le dijo, pero le pareció bonito eso de que se suelten las “cosas” en el viento como los árboles sueltan sus hojas, aunque si el Mago se había ido antes de que quemaran la casa, hacía rato que debía de estar volando y no necesitaba que lo “soltaran en el viento”.

Conforme con lo que había escuchado, Micaela siguió comiendo y ya no volvió a preguntar más sobre el tema.

La mamá miró al papá de Micaela como si fuera un caballero andante de resplandeciente armadura que hubiese domado un feroz dragón. Y no sabía lo cerca que estaba de la realidad.

 

III.

 

Pasaron tres días, Micaela lo supo porque ella sabía contar hasta diez, así que no le fue difícil llevar la cuenta.

Tenía un micrófono en su mano y flotaba de casa en casa, de edificio en edificio en una inmensa ciudad. Subía una ventana, bajaba dos, volvía a subir, se corría a la de la derecha y luego cruzaba a las de la vereda de enfrente. Así iba manzana por manzana, de ciudad en ciudad.

– ¿ Ha visto al Mago Sharman ? – preguntaba.

– No – era la respuesta.

– ¿ Ha visto al Mago Sharman ? – insistía un poco más lejos.

– No – volvían a responder.

Eso fue durante toda la noche hasta que despertó.

Sin saber muy bien por qué, comenzó a llorar. Vino su mamá y la abrazó, papá que se estaba por ir al trabajo, el gato de la casa, el oso de peluche…, pero Micaela no dejaba de llorar. El llanto le nacía en el centro del pecho y aun más profundo… el llanto le nacía del alma.

Aunque todavía no podía decirlo con precisión, la respuesta se iba haciendo cada vez más clara en su conciencia. La presentía, había estado ahí todos estos días desde que escuchó la noticia en la tele, rondándola acechante en algún rincón de su corazoncito: el Mago Sharman se había ido, la había abandonado y ella se había quedado sola en la Tierra.

 

IV.

 

Pasaron los días y Micaela a veces miraba las nubes y otras veces las estrellas, pero no veía al Mago.

Una mañana, antes de despertarse del todo, vio unos ojos grandes, oscuros… profundos. Unos ojos a los que Micaela podía pasarse toda una vida mirándolos.

Sintió en su corazón una única palabra, sólo una y una sola vez.

– Perdóname… – y los ojos se perdieron en una luz brillante e inmensa que no lastimaba la vista.

Micaela lo supo: eran los ojos del Mago. Entonces… ¡ él se acordaba de ella ! Micaela se despertó feliz.

…Aunque luego del desayuno se entristeció otra vez… él se había ido igual. Entonces decidió hacer mentalmente una lista de todas las cosas por las que estaba enojada con el Mago; si hubiera sabido escribir la hubiera hecho en una hoja, pero todavía no iba a primer grado, apenas había empezado el Jardín.

La lista fue más o menos así:

– Por qué se fue y no se quedó conmigo.

– Por qué no me saludó antes de irse.

– Por qué no me viene a visitar.

– Por qué no se deja ver.

– Por qué no dijo a dónde iba.

– Por qué no me dijo dónde encontrarlo.

– Por qué cuando yo nací, él ya era viejo.

– Por qué nació muy lejos de donde yo nací.

– Por qué cuando estaba acá nunca se le ocurrió venir a visitarme.

– Por qué no me regaló juguetes para mi cumpleaños.

Y así seguían los porqués. Todo aquello que a Micaela le hubiera gustado hacer o saber del Mago y no había sido, era culpa de él.

Después de hacer su lista de las “cosas feas”, pensó en hacer la de las “cosas lindas”… ¿ por qué lo quería al Mago Sharman ?… y lo cierto es que no sabía qué poner.

No lo conocía, no sabía cómo era…, ahhh !… tenía bigotes, eso sí lo sabía, pero jamás habían  hablado, nunca en sus cuatro años lo había visto o había sabido algo de él…, por qué… entonces… ¿ por qué lo quería tanto ?…

Sus ojos…, claro, ¡¡¡ era eso !!!… recordaba sus ojos.

Sentada en un rayo de sol que entraba en el living, Micaela rió. Sí, ella lo quería al Mago, lo conocía, lo conocía muy bien, tanto como nadie lo había conocido jamás. Ella conocía sus ojos y lo que había visto en ellos, ella conocía su alma. Él le había pedido perdón, lo que quería decir que se acordaba de ella y que la quería, lo demás… bueno, lo demás…

Micaela oscilaba entre el puchero y la sonrisa.

La mamá la miraba desde la cocina y pensaba: “Las cosas que deben pasar por la mente de una criatura”.

Micaela recordaba al Mago en medio de un rayo de Sol.

 

V.

 

Era la época anterior a la Navidad y Micaela había soñado otra vez con el Mago. Bueno, no precisamente con él, sino con su casa. Es decir, no con la casa que llevamos siempre con nosotros, no con el cuerpo, sino con la “casa-casa”… la que tiene cocina, patio y ventanas.

En ella había una cama grande, como la de mamá y papá, con sábanas blancas todas desordenadas. En el piso, ropa tirada, libros, zapatillas, jeans. A Micaela le pareció ropa muy graciosa para un mago. Había un saco sobre la cama, un saco de plástico gris,  con rayas muy, muy suavecitas. “Debe ser bárbaro para cuando llueve”, pensó Micaela. Le gustaba el saco, era liviano y blando como la seda.

Adentro, en sus bolsillos, había muchos marcadores de colores y también de esas lapiceras raras que escriben como lápices y que el papá de Micaela usaba para dibujar. Pero estos lápices no eran de su papá, eran del Mago Sharman; así que al Mago le gustaba dibujar… ¡¡ qué bueno !! porque a ella también…

Miró la habitación que estaba tan desordenada, claro… se había tenido que ir rápido, como muy apurado.

Su mamá armaba el árbol de Navidad y ella la ayudaba, colgaban campanitas rojas y doradas. En el árbol había un espacio vacío, una campanita que esa Navidad no se colgaría. Una brillante campanita que jamás se volvería a colgar.

El Mago Sharman se había ido y ya no volvería a la Tierra.

 

VI.

 

Hasta que un día Micaela descubrió dónde se había ido el Mago Sharman y cómo podía encontrarlo. Fue así.

Micaela solía pensar que ella lo sabía todo y que podía resolver todos los problemas, no sólo los suyos, sino también los ajenos. Aunque todavía no participaba demasiado en las conversaciones de los mayores, ella, en su cabecita, se quedaba pensando cómo resolver las cosas.

Así se ocupaba de que la abuela se curara o que a papi le fuera mejor en el trabajo, que a mamá la comida le saliera rica, del caño roto, de la lamparita y de tantas cosas más. Ella no entendía cómo les costaba tanto resolver esos problemas si se veían refáciles. De este modo, Micaela, calladita y sin que nadie lo supiera, solucionaba todas las dificultades.

Pero un día se cansó. ¿ Quién la ayudaba a ella ? ¿ EHH… ? ¿ Quién la ayudaba a buscar al Mago Sharman ? Todos decían que se había muerto, que se había ido, que lo extrañaban… ¿ pero quién lo buscaba ?…

Nadie, sólo Micaela en silencio, muy en secreto, buscaba al Mago Sharman.

Esa noche, antes de dormirse, pidió en su corazón que alguien la ayudara. Y así fue.

Luego de soñar muchas cosas lindas y algunas no tan lindas, llegó a una escalera. Estaba en la duda de seguir con su sueño o subir y al final se decidió por ver qué había en el otro piso, total un sueño es sólo eso: un sueño…, pero ver qué hay del otro lado de una escalera era otra cosa.

Subió por la escalera y en el descanso notó que había ventanales por los que se podía ver una ciudad de edificios bajos, limpios, serenos y prolijos, rodeados de árboles y cubiertos por un cielo donde siempre era atardecer.

Cuando terminó de subir se encontró en una habitación en la que había muchos libros, papeles y artefactos extraños, como maquetas de inventos que colgaban del techo. A pesar de la cantidad de cosas que había, todo estaba muy limpio y ordenado.

En el escritorio, al fondo de la habitación y junto a la ventana, un señor sentado en una silla la observaba. Era un poco gordito, un poco mayor, un poco con gafas y el pelo un poco blanco, pero con mucha cara de profesor.

Micaela lo saludó con un gran saludo.

– Hola, señor… ¡ muchas felicidades ! – y su voz sonó un tanto alta y disonante para la paz que existía en ese lugar.

– Hola – dijo con tranquilidad el señor.

Micaela se acercó, se subió a su falda y lo miró.

– ¿ Te es suficiente un profesor de “treinta mil puntos” ? – le preguntó con mucha seriedad el señor.

Micaela rió.

– Yo voy al Jardín, – le dijo – no creo que llegue ni a quince !!! – y le pareció muy lindo y divertido su chiste.

Pero el señor no se rió, es más, miró a Micaela como si no entendiera ni una palabra de lo que acababa de decir, como si lo que ella decía fuese algo absolutamente disparatado.

Pronto Micaela comprendería que en ese mundo los chistes, que consisten en decir una cosa por otra, no existían. Decir una cosa por otra se parece bastante a la mentira y allí la “mentira” era algo que no se usaba jamás. El señor dejó pasar la confusión, tosió un poquito y continuó:

– Bueno, Micaela, tu primera lección es ésta. – Y señaló una frase escrita en un cuadro colgado sobre  el escritorio. Micaela no entendía.

– Veamos… – dijo el señor con paciencia de buen profesor -… voy a explicarte: Micaela, si tu abuela se enferma, es ella quien debe ocuparse  y preocuparse de curarse. Si tu papá tiene problemas en el trabajo, él es quien tiene que resolverlos. Si a tu mamá se le quema la comida, ésa es su responsabilidad. Los problemas pertenecen a quienes los provocan y sólo ellos tienen poder para solucionarlos, nadie más lo puede hacer por ellos. Los problemas son como las ideas. Y tú, Micaela, si buscas al Mago Sharman… tú sola deberás encontrarlo, pues eres tú quien ha decido buscarlo.

Micaela respiró aliviada. Qué bueno poder dedicarse exclusivamente a lo que le importaba. El señor tenía mucha razón… ¿ cómo no se le había ocurrido antes ?

Micaela abrazó al señor, le dio un gran beso en la mejilla, se bajó de un salto y se fue corriendo escaleras abajo mientras le gritaba:

– ¡ Gracias, señor !… ¿ Nos vamos a volver a ver ?… ¡ Que siempre sea feliz !… – y muchas cosas que ella sentía que debían de ser muy bonitas.

El señor la miraba sin comprenderla del todo y contestaba despacio y suave a sus gritos, como contestaría un maestro a una nena chiquita, con mucha paciencia.

Micaela, al llegar al piso de abajo, se encontró con que podía volver a su sueño o… ¡¡¡¡ Bien podía salir por la puerta que daba a la calle y recorrer esa ciudad que ella desconocía y que debía ser “superinteresante”!!!!

– Bueno, ya que estoy aquí – se dijo – puedo salir a pasear.

Justo cuando estaba por atravesar la puerta de calle entraron un montón de chicos y chicas grandes, algo así como seis, acompañados de un perro “así” de grandote. El perro “así” de grandote se paró y apoyó sus grandes patotas en los hombritos de Micaela y le hacía cosquillas en la nariz con los bigotes de su hocico. A Micaela le causaba gracia, pero lo cierto es que no la dejaba salir, por más que trató y trató no pudo atravesar la puerta.

“Bueno”, pensó, “si no puedo salir puedo entrar” y siguió a los chicos y chicas por los pasillos del edificio hasta que llegaron a la puerta de un departamento y entraron en él. Allí se sentaron en torno a una mesa para tomar algo. Micaela que había entrado con ellos se quedó parada junto a la puerta.

– Hola – los saludó para que notaran que ella estaba allí.

– Hola – respondieron saludándola. Uno de ellos le preguntó amablemente – ¿ Eres nueva ?…

– Sí – respondió Micaela.

– En ese caso, te damos la “Bienvenida” – y todos parecían muy contentos de que Micaela estuviera allí.

De pronto tuvo una idea y poniendo su mejor cara de “yo no tengo demasiado interés en saberlo” preguntó:

– ¿ Saben si el Mago Sharman vive cerca ?

Todos callaron de pronto y se quedaron mirándola atentamente como si esa nena pequeñita supiera algo que ellos no alcanzaban a entender. Por fin, uno de ellos habló fijando su vista en el horizonte y lo que dijo, más que a respuesta, sonó a sentencia.

– Sí, vive acá… y es un ingrato.

Micaela no podía permitir que hablaran así del Mago.

– ¿ Por qué ? – preguntó un tanto indignada.

– Ha tenido una gran oportunidad: de la Tierra ha venido a vivir aquí y parece no aceptarlo. Se pasa los días encerrado en su gran casa, en la oscuridad, recordando cosas de la Tierra y pensando en los seres que amaba cuando vivía allí y que se quedaron. No aprovecha la oportunidad de estar aquí, oportunidad que no cualquiera tiene. Sólo unos pocos vienen aquí desde la Tierra…, es un ingrato.

Luego, dejando de mirar la lejanía, volvió a mirar a Micaela y le dijo:

– Si vas a quedarte ya lo verás por ti misma.

– No creo que me quede mucho tiempo – pensó en voz alta Micaela.

– ¿ Cuánto hace que llegaste ? – preguntó intrigada, una de las chicas.

– Como un ratito – fue la tímida respuesta de Micaela.

– ¿ Vienes de Marte ? – preguntaron entusiasmados casi al unísono.

– No, vengo de la Tierra.

– AHHHhhhh… – respondieron un tanto desilusionados.

– La Tierra es un bonito lugar – intentó amenizar Micaela.

– Sí, lo es – afirmaron varios chicos y todos le sonrieron.

En ese sitio serían sinceros, pero nunca descorteses.

– ¿ Cómo se llama este lugar ? – preguntó.

– Vrihas – respondió uno de los chicos.

– ¿ Y a qué grupo pertenecen ?…

– Somos los Dupan.

– ¿ Tienen papel y lápiz para prestarme ? – y Micaela anotó los nombres que le decían.

Quería recordar muy bien dónde vivía el Mago y así poder mandarle una carta o volver a visitarlo.

– ¿ Y la capital es… ?

– Neimo… – fue lo último que alcanzo a oír.

El oso de peluche le preguntaba y le hablaba tonterías mientras ella desesperada buscaba papel para anotar, por último y harta de soportarlo, lo enfrentó.

– ¡¡ No hables más !! ¡¡ No vas a poder hacer que me olvide algo !!! Yo voy a recordarlo todo… yo voy a acordarme dónde está el Mago Sharman…

Y cada vez que despertaba, un juguete distinto trataba de confundirla… Hasta que por fin pudo abrir los ojos y vio con alegría que todos sus juguetes estaban muy quietecitos y silenciosos exactamente en el mismo lugar en el que ella los había dejado el día anterior. Se levantó y fue corriendo a la cocina donde estaba su mamá.

– ¡ Mami !… ¡ Mami !…, pronto, quiero papel y lápiz… tengo que escribir…

La mamá sonrió intrigada y le dio el anotador de las compras y un lápiz; Micaela los tomó e intentó escribir, pero, claro, le salían sólo garabatos. Micaela en la Tierra no sabía escribir. Antes de que el puchero se convirtiera en llanto la mamá tomó el lápiz y el anotador y le pidió a Micaela que le dijera qué era lo que quería anotar. Micaela dijo sólo tres extrañas palabras:

– Vrihas, Dupan, Neimo.

La mamá las anotó y sin hacer una sola pregunta, arrancó la hoja del anotador y se la dio, ella sabría qué hacía. Micaela le dio un gran beso de agradecimiento y se fue corriendo a su cuarto llena de felicidad. Quizá no correspondiese resolverle los problemas a los demás, pero esto de ayudarse realmente le resultaba fantástico.

 

VII.

 

Así Micaela descubrió a dónde se había ido a vivir el Mago Sharman

Claro, si era Mago… ¿ dónde podría vivir mejor que en El Universo De La Magia?

Pero… ¿ qué hacía allí ? ¿ Cómo vivía ? ¿ Sería feliz ? ¿ Volvería alguna vez ? Y lo más importante… ¿ ella podría verlo algún día ?…

Detrás de todas sus preguntas, Micaela escondía las que la inquietaban… ¿ por qué lo buscaba ?…¿ para qué ?…

Para preguntarle algo… ¿ pero qué ?…¿ qué le quería preguntar al Mago Sharman ?…

Por suerte para ella, Micaela se olvidaba de estas preguntas que le producían esa sensación tan rara y se concentraba en las sencillas: qué comería, qué ropa usaría, si seguiría escribiendo y otras por el estilo.

Y como todo llega… llegó el día en que Micaela vio al Mago Sharman, aunque no fue realmente como ella esperaba.

Micaela andaba de acá para allá, de allá para acá… y de pronto… AHHHHH !!! … salió volando… AHHHHH !!!… pasaron las estrellas a su lado y AHHHHH !!!… del susto cerró los ojos bien fuerte.

Cuando los abrió, estaba en un salón grande, lleno de cosas de cartón y madera, como las que hay en los escenarios de los teatros. Y allí, delante de ella, una joven le sonreía.

– Te estaba esperando – le dijo y le tendió la mano.

Micaela la tomó y la chica la llevó a mostrarle el lugar.

Había cosas relindas, todas parecían lujosas y brillantes, pero cuando uno se acercaba podía ver que estaban hechas de cartón. Era un gran depósito de utilería.

A Micaela le gustó un muñeco y un caballo de trapo que estaban puestos sobre un entarimado.

Ella ya los había visto antes, aunque no recordaba con exactitud dónde. No…, en la Tierra no había sido… tampoco en los sueños… No, era en otro lado…, pero… ¿ dónde ?… ¿ acaso existía otro lugar antes que la Tierra ?…

Detrás de los muñecos vio un muy bonito biombo pintado con dibujos, muchos dibujos. En ellos se veía una nena que iba para acá, después para allí, después volvía y por último iba a otro lado. Entonces se dio cuenta: la nena del dibujo era ella, con el pelo un poco más brillante, cierto…, pero era ella, al fin.

De pronto, detrás, unas voces.

Por una puerta de vaivén salieron dos muchachos conversando acaloradamente. Micaela y su compañera se acercaron para ver qué les ocurría.

– ¿ Qué te pasó ? – le preguntó la chica a uno de ellos.

– No entiendo – le contestó el muchacho desconcertado -. Estábamos en el ensayo y “ÉL” me pidió que saludara al final y… dime: ¿ cómo saludas ?… Yo me paré, levanté la mano y dije “Chau”, saludé como todos, como tú, como él…, como todos los días. Y “Él” se enojó.

Micaela se reía.

Por supuesto que ella entendía. Seguro que ese “ÉL” del que hablaba era el director, porque si había un ensayo seguro que había un director. El director le debía de haber pedido que saludara como las bailarinas o los actores: así, haciendo grandes gestos, moviendo los brazos como para volar, doblándose hasta tocar el piso con la frente. Así… como de mentirita.

Pobre director, lo que le costaría hacerse entender allí, donde las cosas eran lo que realmente son.

Otra vez otra puerta se abrió detrás y un grupo de hombres salieron, todos rodeaban a uno. Parecía como si hubieran hablado mucho porque todos estaban muy concentrados

Fue entonces cuando Micaela lo vio.

El del medio, el que estaba en el centro, al que todos rodeaban era… era…

…ERA EL MAGO SHARMAN !!!!!!!!…   

Claro que sin bigote y más joven que papá y con el pelo largo y pantalones negros… y camisa de colores… y… y Micaela no se podía mover, no podía hablar… no podía ni respirar siquiera.

Una voz le dijo suavecito en el oído:

– ¿ Sabes quién es ?…

Micaela le contestó a su amiga con una simple afirmación de cabeza, “así”.

La empujaron despacito y siguieron al grupo que volvía a la sala de ensayos.

La voz adivinó el corazón de Micaela y le advirtió.

– No le puedes hablar. Él no debe saber que tú estás aquí.

Parecía algo muy serio, parecía como si al Mago le fuera a dañar el saber que Micaela estaba allí. Quizás se olvidaría del ensayo y se pondría a jugar con ella. A Micaela le encantaría, pero el Mago era el Director y lo que estaba haciendo era muy, muy serio y muy, muy importante para la vida del Mago.

Micaela estaba aprendiendo a no entrometerse en las tareas ajenas y a tratar de ayudar en ellas. Si la forma de ayudar al Mago era la que le decían, el Mago nunca, nunca se enteraría que ella había estado allí. Ni se le acercó.

Pero sí le empezó a preguntar a la chica.

– ¿Qué hacen acá ? ¿ Les cuesta mucho ? ¿ Alguna vez podré venir a aprender ? ¿ Cuánto falta ? ¿ Qué debo hacer ?…

Su guía contestaba despacio y suave a su torrente de preguntas.

Ya todos se habían acomodado. Los bailarines, en sus posiciones… las luces, encendidas. El Mago y sus acompañantes, en la platea, observaban todo muy atentamente.

El Mago no hablaba directamente con las personas en el escenario, se dirigía primero a sus acompañantes y estos a los bailarines o al revés: los bailarines le hablaban a los acompañantes y estos al Mago.

A Micaela le resultaba muy complicado, parecía como si el Mago no supiera hablar.

Todo esto lo observó en un relámpago.

Había corrido en medio de los bailarines que la miraban entre sorprendidos y divertidos hasta uno de los laterales al escenario y allí se escondió. No quería que el Mago la viera aunque, en realidad, nunca pareció darse cuenta de ella.

Desde ese lugar vería perfectamente el baile del ensayo. Estaba encantaba, ella quería bailar también. Allá, en la Tierra, quería cantar y bailar, pero todavía no sabía hacerlo, en cambio resultaba tan sencillo cuando lo hacía en sueños.

Y justo, justo, justo cuando iban a comenzar a bailar, se despertó.

Ese día pasó a la vida de Micaela como uno de los más felices. El día o, mejor dicho, la noche en que vio al Mago Sharman.

 

VIII.

 

Aunque, como todos supondrán, Micaela no se conformó con verlo solamente. Ella quería más, ella quería hablarle… que supiera que allí, en la Tierra, una niñita pequeñita lo buscaba desesperadamente para… para… para qué ?…

…Bueno, para preguntarle algo… algo como… como… UFFF…

Eso lo pensaría cuando lo encontrase y le hablara… Sí, era lo más indicado, en ese momento seguro se le ocurriría algo.

La vez que Micaela le pudo dejar un mensaje, casi, casi, se lo daba personalmente y para siempre; esa vez por poco se queda en El Universo De La Magia.

Fue así.

Micaela estaba soñando que miraba la tele en su casa. Estaban pasando un noticiero y recordaban en él la vida del Mago Sharman, entonces le dieron ganas de verlo. Eso la puso triste, se levantó y dirigiéndose al televisor les dijo, casi les gritó:

– NOOO !!!… Son todos unos tontos… EI Mago Sharman no se hizo pedacitos en el viento, sus ideas no se quemaron con su casa… ÉI se fue volando… se fue al Universo de la Magia !!!!!…

Micaela ni en sueños entendía cómo a la gente de la Tierra no se les ocurría pensar algo tan simple como eso.

Apagó el televisor.

Y de pronto… CHAFFF… estaba en El Universo De La Magia.

Había un señor, con sombrero y guantes, que tenía la parte de abajo del rostro cubierta por una bufanda, también tenía un tapado grande, grande, que le llegaba hasta los pies. A Micaela le gustaba su moño de cinta.

El señor quería bailar con ella. Micaela no rechazaba un baile, se lo pidiera quien se lo pidiera, así que se puso a bailar un vals con él.

Los ojos del señor eran muy lindos, se parecían mucho a los ojos de… de… pero Micaela desconfiaba y desconfiar en El Universo De La Magia quería decir que había gato encerrado.

Entonces le preguntó al señor lo que en El Universo De Le Magia sólo se puede contestar con la verdad.

– ¿ Me juras por ti mismo que eres realmente el Mago Sharman ?…

El señor como respuesta se desbarató en un torbellino que absorbió a Micaela, quien había descubierto el engaño.

Cuando se detuvo, Micaela se encontraba en un cuarto “realto” y “reinmenso”, tan grande como un edificio construido sobre una manzana completa, pero era un edificio extraño, un edificio totalmente cerrado, sin puertas ni ventanas, sin el más mínimo agujerito.

Micaela casi podía tocar el techo con sus manitas porque toda, toda esa habitación inmensa estaba llena de seres redondos y gomosos, azules, amarillos, rojos, verdes. Todos se quejaban y sufrían mucho.

Y Micaela dijo muy fuerte y desde muy adentro:

– ¡¡¡ EI Mago Sharman era muy bueno y muy sabio, nunca, nunca podría vivir acá !!!

Entonces el lugar desvaneció.

Micaela estaba ahora en lo que le pareció que era el pasillo de un silencioso, limpio y blanco hospital. Caminó en puntillas para no hacer ruido.

Una enfermera gorda, redonda y blanca se acercaba con una bandeja; Micaela, muy educada la detuvo para preguntarle:

– Hola, señora enfermera, ¿ sabría usted informarme dónde se encuentra el Mago Sharman ?…

Esta frase era muy seria y le costó un poco decirla a Micaela, pero la señora la entendió.

– Señorita, lo siento, acá no se encuentra alguien con ese nombre – le contestó la enfermera tan amable como ella.

Micaela debe haber hecho sin querer el peor de sus pucheros porque la enfermera se apresuró a agregar:

– …Aunque puede ser que en el otro lado del hospital sepan algo de él.

Micaela le agradeció con una sonrisa y, siempre en puntillas y sin hacer ruido, se fue corriendo a donde le habían indicado. Tuvo que preguntar un par de veces para no perderse, pero al final llegó.

Después de subir por una escalera que daba vueltas y un pasillo largo, se topó con una puerta abierta llena de carteles que  decían cosas como:

“PROHIBIDO PASAR A TODA PERSONA AJENA AL LUGAR

“NO SE PERMITE EL PASO A ESTA ÁREA”

Y otras así por el estilo.

Haciendo caso a un cartel que decía: “GOLPEE DESPACIO Y ESPERE”, Micaela golpeó despacio la puerta y esperó, sin traspasar el umbral.

Por un pasillo que daba a un jardín interno rodeado de puertas y balcones se acercó una enfermera, miró seria a Micaela y le preguntó:

– ¿ Viene a internarse o viene de visita ?

– De visita – se apresuró a contestarle Micaela, ella no pensaba quedarse allí.

La enfermera no preguntó a quién deseaba visitar y Micaela tampoco se lo dijo. Ella quería pasar y ver, estaba segura de que en una de las salas que daba al patio debía estar el Mago Sharman.

La enfermera le dio entonces un sachet de suero con una pajita. Micaela no sabía qué cosa era el suero, así que a ella le pareció un sachet de agua.

– Tienes que aspirar constantemente esto, si no lo haces te quedarás aquí para siempre. AH… !! Tampoco te puedes quedar más de quince minutos o no podrás volver – y le indicó el pasillo por el cual había llegado Micaela y que la conectaba con su mundo, la Tierra.

– Gracias – dijo Micaela por el sachet y por la advertencia

La enfermera se fue.

Micaela tomó valor, puso la boca en la pajita, aspiró y entró.

…Entonces sintió que se moría. Eso no era suero ni agua ni nada. Era como si en vez de estar tomando algo, lo estuviera aspirando directamente por la nariz. Para peor era un líquido horrible, era como estar respirando lejía pura. Todo le dio vueltas. Sentía el estómago mal, la panza mal, la cabeza mal ni el dedo meñique ni la punta de la colita del pelo se salvaban… Era un horror !!!…, nunca se había sentido tan enferma…

No pudo dar un paso más. Salió otra vez al pasillo y tiró todo, el sachet, la pajita… todo.

Se puso a llorar… ¡ Era desesperante !… no podía entrar, tampoco quería volver…

Seguro que el Mago estaba allí, en algún lugar y sólo tenía quince minutos para encontrarlo y salir o…

Micaela quería volver a la Tierra, quería crecer, ser grande… No se quería quedar en El Universo De La Magia aún, pues tenía que hacer muchas cosas antes de irse a vivir allí.

Entonces escuchó las voces suavecitas que conversaban.

Tomó otra vez valor, tomó la pajita, el sachet… y entró. En la salita, al lado del pasillo, unos médicos conversaban bajito y tomaban té y café.

Micaela se acercó y el diálogo fue más o menos así:

   – Hola… UJJJ… – hizo haciendo un descanso para aspirar por la pajita – disculpen… UJJJJ… pero me podrían   informar…UJJ… UJJ…si el Mago…UJJJ…el Mago Sharman se encuentra aquí…UUJJ…UJJJ…JJJJ….

Los doctores la miraron de arriba abajo y de abajo arriba; luego, uno por uno, le contestaron.

El doctor viejito, de pelo y bigotes blancos, con anteojos redondos, le dijo: – No, no tengo un paciente llamado así.

El muchacho rubio de pelo enrulado, bigotes y anteojos agregó: – No, yo tampoco tengo a alguien llamado así.

La doctora rubia de pelo enrulado hizo “así” con la cabeza moviéndola de un lado a otro diciendo no y sólo dijo: – TTUT… TTUT.

Sólo la morocha de rodete se quedó pensativa mirando hacia un lado, como recordando.

Micaela… UJJ… concentró sus esperanzas en ella… UJJJ…

– Puede ser… – dijo la doctora – tengo en el grupo nuevo alguien que viene de la Tierra y creo que se llama así.

“ Ese es !!!… UJJJ!!!!…”, pensó llena de felicidad Micaela.

Controlando su alegría les pidió:

– ¿ Podría… UJJJ… dejarle un… UUJJJ… mensaje… UUUJJ… ?

La doctora lo pensó un instante y respondió:

– Sí…, no es de los que está enfermo…, sólo está en un descanso recuperándose de una tarea para emprender otra de mayor responsabilidad, puede entender tu mensaje perfectamente.

Entonces Micaela les dictó.

– Díganle… UJJJ… que Micaela… UJJJ… de la Tierra… UJJJ… que vive en el país… UJJJJ… del otro lado… UJJJJ… del otro lado del mar…UUUJJJJ… quiere hablar con Él… UJJJJJJJJ…

Mientras hablaba, el doctor rubio de pelo enrulado que estaba cerca de ella tomaba nota en una planilla del hospital.

Micaela, un poco metida como siempre, lo corrigió.

– Así… UJJJ… así no se escribe Micaela… UUJJJ…

El doctor la miró fijo, bien fijo a los ojos y muy serio le contestó.

– Acá se escribe así.

Algún día Micaela aprendería a no meterse en las cosas que hacían los demás y a no creerse que lo sabía todo… Pero eso, al menos, fue un principio.

– AHHH… – dijo dándose cuenta de que había metido la pata. – Disculpe… UJJJ… muchas gracias… UUJJJ…

Y salió.

Salió justo, justo cuando se le había terminado todo el líquido del sachet, ¡¡¡ qué suerte !!!… casi se quedaba para siempre.

Corriendo empezó a desandar el camino.

Estaba feliz, El Mago por fin sabría que ella lo estaba buscando.

…Pero no podía ser tan fácil porque pronto el pasillo se convirtió en un círculo cerrado, parecía como si Micaela  no pudiese ir a ninguna parte. ¡¡¡ No podía salir !!!

Estaba asustada, tanto hacia atrás o hacia adelante era lo mismo: sólo pasillo y pasillo. De pronto se acordó de una oración que le había enseñado su abuelita.

– “Uno nunca está sólo” – le había dicho una vez -. “ Siempre que necesites pídele ayuda a tu Angel Guardián”.

Y así lo hizo.

Del recodo del pasillo se extendió una mano luminosa que la tomó y la arrastró hacia la luz de la que venía. Micaela se dejó llevar…

Así fue como se despertó.

La mamá no entendía por qué Micaela corrió a abrazarla esa mañana.

El papá no sabía a qué se debía que no lo dejara de besar ni a él ni al gato ni al oso de peluche ni tampoco por qué tomó toda la leche sin dejar de reír.

Micaela no les iba a contar qué le había pasado. Pobres… a ver si todavía se asustaban…

 

IX.

 

Ustedes se preguntarán por qué si en El Universo De La Magia no existía la mentira, había seres que trataban de engañar a Micaela. Es que ella entre logro y logro, había tenido muchos fracasos.

Algunas veces parecía despertar y seres extraños sentados a su lado le decían que eran el Mago. Otras veces los encontraba vagando por edificios y ciudades del Universo de la Magia. Micaela los había tratado de echar, primero enojada, luego a los gritos y por último llorando y llamando desesperada a su mamá. Pero con la práctica había aprendido que muchas veces bastaba enseñarles una oración o ponerse a hablar con ellos de cosas lindas o preguntarles qué necesitaban, pues estos seres más que hacerle daño querían ayuda. Eran seres olvidados, nadie los recordaba y por eso se perdían. Realmente necesitaban tan, tan poco…, sólo que alguien pidiera por ellos.

…A veces algo tan simple como el olvido podía causar tanto dolor.

En cambio había otros que eran realmente insoportables. Vivían haciendo bromas y molestando todo el tiempo, le tiraban del pelo, la encerraban en sus rondas enloquecedoras, le decían cosas, se arrojaban sobre ella hasta sofocarla, le sacaban la lengua y mil cosas más.

Con ellos no valía retos ni gritos ni paciencia; con ellos Micaela había descubierto el arma de la indiferencia.

Tomaba aire, no así como si fuera a soplar las velitas de la torta de su cumple, si no así hinchando la panza, tomaba aire, se lo guardaba un ratito, lo largaba, volvía a esperar otro poquito y tomaba otra vez… hasta que se quedaba tranquilita, tranquilita. Y esos seres no soportaban a la gente tranquila y se iban fastidiados protestando: “¡¡¡¡ De qué vale molestar a alguien si por más que le hagan cosas no se molesta !!!! UFAAA !!!…”

Micaela entonces sonreía bajito… Micaela: 342,“Los Molestosos”: 0.

Después estaban los otros, los que realmente buscaban hacer daño.

En El Universo De La Magia las leyes eran bien claras: Por más que quisiera, ningún ser podía dañar a otro, solamente uno mismo podía causarse daño si ésa era su elección. Los demás, por más que quisieran, no podían; intentaban e intentaban y no pasaba nada.

Pero estos seres dañinos se aprovechaban de una debilidad que muchos seres ( sobre todo los terrestres ) tienen: el Miedo.

Ellos trataban de provocarlo y vaya que sabían muy bien cómo conseguirlo… y si uno no estaba muy atento, aparecían de golpe y… ¡¡¡¡AYYYY !!!!… surgía el Miedo… y cómo dolía.

Micaela muchas veces se lastimó con el Miedo, pero con la experiencia descubrió que si uno no lo tenía, estos seres podían hacer absolutamente NADA. Venían, intimaban, ponían sus peores caras, las más terroríficas y espantosas, llenaban el aire con sus amenazas silenciosas y ahí se terminaba todo… Mientras Micaela pensaba bien tranquilita:

– Señores, yo no les tengo miedo. Chau.

Y c’est fine.

…Pero había un miedo que Micaela todavía no había logrado controlar: era el no poder encontrar otra vez al Mago Sharman.

Había notado que cuando ella no tenía intenciones de viajar al Universo De La Magia y aparecía sin querer, no tenía mayores dificultades. Se encontraba directamente en el sitio apropiado como si seres mágicos le fueran abriendo los caminos. En cambio, cuando ella trataba de llegar por su propia decisión, sí que era difícil. Se perdía, andaba por lugares oscuros habitados por seres rarísimos que no dejaban de molestarla o de preguntarle cosas.

Lo que Micaela pronto descubriría es que El Universo De La Magia iba desde la más densa y profunda Oscuridad hasta la más pura, increíble y absoluta Luz, pasando por todas las posibilidades de sombras y colores, muchos de los cuales nuestros ojos terrestres nunca llegarían a ver.

Era por Ley Natural que cada ser tuviera un grado de Luz distinta de acuerdo con lo que pensaba y sentía y todos, todos, se ubicaban y agrupaban con aquellos que tenían el mismo tono y color. Así los que tenían miedo estaban juntos, los que se enojaban también, los que se reían con los que reían…

Allí, en el Centro De Luz, estaban concentrados los seres más sabios, buenos y puros.

El Mago Sharman no vivía en el Centro De Luz… pero andaba cerca. En cambio Micaela, como ser terrestre, todavía no se agrupaba exclusivamente con nadie, sólo se acercaba de acuerdo con las cosas que sentía o pensaba tiempo antes de entrar al Universo De La Magia. Si ella se había burlado de su compañero en el jardín, se encontraría junto a los burlones que se reirían de ella y así sabría lo que habría sufrido su amiguito. Si había estado chinchuda y enojada todo el día y había sido injusta, iría a un lugar con seres así y experimentaría lo que habían sentido los otros por ella. Si en cambio estaba alegre, estaría con gente alegre y viviría lo que ella había hecho vivir.

…Así veía proyectado en los otros sus defectos y sus virtudes.

Estas relaciones que se formaban nada tenían que ver con lo que nosotros llamamos habitualmente Culpa. La Culpa era en el Universo De La Magia sólo otro motivo de agrupación y no precisamente uno de los mejores. La Culpa sólo sirve para que los seres que cometen un error se lastimen y piensen que así pueden solucionar algo. En El Universo De La Magia nada había más lejano a ese deseo, todos los seres debían quererse, comenzando por uno mismo. ¿ De qué sirve sufrir ?… ¿ Acaso eso cambia el pasado ?… No, la Culpa sólo sirve para que los seres no puedan progresar en su aprendizaje.

La Culpa es algo muy distinto del Arrepentimiento. Cuando cometemos un error no podemos cambiar lo ocurrido, sólo podemos pedir perdón y no volver a cometerlo jamás.

La Culpa era una de las peores larvas que roía el alma de muchos seres y los alejaba de su progreso hacia el Centro De Luz.

Por eso le costaba tanto a Micaela llegar a donde estaba el Mago. Ella tenía solamente cuatro años… ¿ cómo podía llegar a pensar y sentir cosas parecidas a las que pensaba y sentía el Mago que estaba tan, tan cerca del Centro De Luz Del Universo De la Magia ?

…A Micaela eso sí que le era bastante difícil. Tendría que aprender y crecer, llegar a saber tanto como el Mago para poder estar cerca de él.

De eso se trataba El Universo De La Magia, todo estaba hecho para aprender y crecer, muchas veces sin que uno se diera cuenta. Y Micaela quería crecer desesperadamente, quería estar junto al Mago… quería estar a su lado… ¿ Para qué ?… ¿ Por qué ?… no conocía la respuesta… sólo estar junto a Él…

Eso representaba no la Felicidad, sino la Paz.

…Pero esto Micaela lo comprendería mucho, mucho tiempo después.

 

X.

 

Realmente a Micaela le era muy divertido viajar al Universo De La Magia.

Está bien que en su búsqueda no siempre las cosas eran agradables, pero a veces veía cosas maravillosas e increíbles, como la vez que vio al Señor Del Universo De La Magia y a su par, El Señor De Lo Que Nadie Conoce.

Ocurrió así.

Muchas veces antes de darse cuenta de que estaba en El Universo De La Magia, Micaela llevaba a cabo una buena acción. Esa vez estaba ayudando a una señora muy pobre, que estaba sola y tenía un bebé, a encontrar a alguien que se ocupara de ella.

La señora con el bebé en brazos se paró delante de una tienda de chocolates y miraba la vidriera con ganas de disfrutar uno de los exquisitos dulces casi, casi, con tantas ganas como los miraba Micaela. La señora, abrazando fuerte al bebé, bajó la vista; lejos estaba la época en que, sin pensarlo, hubiera entrado a comprarlos.

Esto no iba bien para Micaela… ella estaba allí para ayudar, así que le sugirió a la señora que entrara al negocio.

La señora no podía ni ver ni oír a Micaela, pero sí podía sentir lo que pensaba, así que tomando valor entró, quizás adentro encontrase algo que ella pudiera comprar.

Pero no… ¿ Esto cuánto sale ?… ¿ Y esto ?… ¿ Y ese otro ?… Nada, nada, no le alcanzaba el dinero para comprar ni un chocolatín…

– Buenas tardes… Muchas gracias… – alcanzó a murmurar y salió casi llorando de la tienda.

Micaela sentía que el haber entrado a la tienda no había sido tiempo perdido, pero no sabía por qué.

De pronto, un señor que quiere entrar apurado al negocio empuja sin querer al bebé, se sobresalta, se detiene…, se da vuelta y le va a pedir excusas a la señora.

– ¡¡¡¡ SÍÍÍÍ… !!!! – grita Micaela llena de alegría -. ¡¡¡ Era el señor !!!  Mire señor… – le sopla Micaela en el corazón – ¿ No la conoce ?…

– ¿¿¡¡ Berta… !!??- exclama el señor y extiende los brazos a la mujer y al bebé.

– Primo… – sonríe ella entre dos lágrimas que se deslizan por su rostro.

…Y se abrazan.

Ya está, ya no va a estar sola, el señor la va a ayudar. Micaela lo sabe, puede leer en sus corazones. Los sueños son bárbaros, se puede todo.

…PIIIIIIIINNNNNGGGG !!!!!…  Micaela sale volando plena de felicidad hacia las nubes. De pronto se detiene: allá, lejos, está el Mar…

Muchas veces lo ha visto desde lo alto: acá, la Tierra, allí, el Mar y, en el borde, la gente amontonándose como si quisieran estar cerca del infinito y les faltara valor para entrar en Él.

Micaela tuvo una idea. Se sentía tan feliz, tan llena de energía que pensó que podía volar sobre el Mar y ver qué había del otro lado. Las veces que lo había intentado siempre había terminado a unos metros de la orilla, dentro del agua y empapada, pero esta vez se sentía tan…  Tan… TAAAN… que era capaz de todo.

Sin pensarlo dos veces… ZZZZIIICCCKKK… tomó rumbo al océano.

Iba veloz, más veloz que nunca. En un relámpago dejó atrás la Tierra, la Playa, la gente… y se adentró en el Mar. Voló y voló… Ya sólo veía agua en todos los horizontes y nada, no llegaba al otro lado. De pronto se le ocurrió… ¿ Y si no había otro lado ?… No importaba, ya no iba a volverse a atrás.

Llevaba un rato así cuando, a lo lejos, notó que se recortaban dos figuras, pronto llegaría hasta ellas. Pero volaba y volaba y parecía nunca llegar… y eso que iba rapidísimo.

Poco a poco y lentamente las figuras fueron agrandándose, ¡¡¡ Mas qué figuras !!!… Eran inmensas, casi, casi abarcaban todo lo alto del cielo, como esas nubes de la Tierra que parecen gigantescas torres celestiales. Dos figuras humanas iguales, totalmente cubiertas por paños que se agitaban como látigos en el torbellino de viento que provocaban al avanzar, a una velocidad miles de veces mayor de la que era capaz de llevar Micaela. Así se acercaban, majestuosas y falsamente lentas, flotando sobre, a su lado, la insignificante inmensidad del océano.

…Y Micaela iba directo hacia ellas.

Se sentía una chispita de luz y quería volar cerca de los pliegues gigantescos, quería pasar y ver los rostros monumentales cubiertos, quería sentir el atronador sonido que producía el velo de los dos colosos al ser golpeado por el viento. A la distancia que los separaba, ese ruido se presentía como los truenos de una tormenta que se iba acercando en el horizonte.

Por suerte para Micaela, una Voz le habló.

-¡¡¡ DETENTE !!! – le ordenó.

La Voz era masculina, profunda y segura. Micaela se detuvo, miró de reojo, pero no se atrevió a dar vuelta. Se quedó allí quietecita, quieticita sobre el Mar, flotando a una altura mucho mayor a la de cualquier edificio de la Tierra.

– NO TE ACERQUES – le insistió la Voz.

– ¿ Por qué?…- preguntó un poco cohibida. ( Esta Micaela…, aun en los momentos más difíciles, ella siempre quería saber. )

– PORQUE TE PUEDES HACER DAÑO – le explicó la Voz en un tono más suave.

Micaela y la Voz presenciaron en silencio el paso imponente de los dos majestuosos seres que flotaban envueltos en las inmensidades.

– ¿ Quiénes son ?… – tuvo que preguntar Micaela.

– SON… – le contestó la Voz -… EL SEÑOR DEL UNIVERSO DE LA MAGIA Y SU PAR, EL SEÑOR DE LO QUE NADIE CONOCE.

Micaela estaba impresionada, era magnífico. Se sentía como la pulga de la pulga de la pulga de su gato Rabanito, si esta existiera y lo pudiera ver al papá de Micaela.

No había palabras para expresarlo, la imagen era de otro mundo, un mundo totalmente ajeno al nuestro. Nunca podríamos ver acá algo como aquello, la única forma de comprender lo que sentía Micaela  era haber podido estar allí, en su mismo lugar.

Micaela entendió que en algo debía de haber metido la pata y le dijo a la Voz.

– Perdón si hice algo malo.

– NO IMPORTA, NO TIENE CUIDADO, LO IMPORTANTE ES QUE TÚ ESTÁS A SALVO.

– ¿ Tengo que saber algo más ?… – inquirió Micaela, que sabía que no debía dejar pasar la oportunidad de tener cerca de ella a alguien que supiera tantas cosas como debía de saber la Voz.

–  NO, POR EL MOMENTO – fue la simple respuesta

Realmente Micaela debió de haberse adentrado mucho en el Universo De La Magia para poder contemplar una cosa así.

– ¿ Cómo salgo de aquí ?… – se le ocurrió de pronto.

– DATE VUELTA Y ENCONTRARÁS UNA PUERTA. CRÚZALA Y VOLVERÁS A TU MUNDO.

– Adiós, – dijo Micaela – y Muchas Gracias.

– ADIÓS- dijo la Voz.

En ese lugar, la cortesía era símbolo de sabiduría no porque fuese algo que debía hacerse a la fuerza, sino porque se hacía con el corazón.

Micaela se dio vuelta, vio la puerta, salió y se despertó.

Esa misma tarde hizo en el Jardín un dibujo muy bonito, pero que nadie entendía: sobre un mar muy azul, dos figuras humanas inmensas, inmensas, flotaban cubiertas por lo que parecían ser sábanas gigantes.

Sí, Micaela dibujaba muy bien; si quieren ver el dibujo lo encontrarán pegado en la pared, sobre la cabecera de la cama de Micaela. No cualquiera puede tener, contemplándola al dormir, al Señor Del Universo De La Magia y, a su par, El Señor De Lo Que Nadie Conoce.

…Y nada menos que dibujado por Micaela.

 

XI.

 

Pasaba el tiempo y, en sus paseos, Micaela no podía encontrar otra vez al Mago. Aparte, algo en ella le decía que no debía molestarlo. Así se debatía entre sus ganas de verlo y el sentir que era mejor dejarlo tranquilo.

Ustedes querrán saber si Micaela todavía mantenía en secreto la búsqueda del Mago Sharman. En realidad, todo lo que sentía y experimentaba era demasiado para sus  cuatro añitos y medio. Sí, ya “y medio”, porque entre viaje y viaje, había pasado mucho tiempo.

Ella había intentado contárselo a alguien, poder charlar, intercambiar alguna idea, alguna pista…

Primero lo intentó con sus amiguitos del jardín, les había contado que buscaba al Mago Sharman. Unos le habían dicho que el Mago no existía, otros, que el Universo De La Magia era un invento y algunos se quedaron asombrados con la boca “así”… de abierta.

…Pero al día siguiente ya nadie la escuchó. Los nenes que habían creído en ella el día anterior se lo habían preguntado a sus papás y estos les habían dicho que el Mago estaba muerto en algún cementerio y que el universo era algo muy distinto de lo que decía Micaela; después les hablaron de telescopios, astrónomos y años luz… Micaela era una mentirosa.

Claro, ninguno se acordaba del Universo De La Magia, aunque todas las noches viajasen allá. Sólo Micaela recordaba.

Bueno, no solamente Micaela…

Alguna vez, había escuchado a su mamá contarle al papi que había soñado con el abuelo, un señor muy viejito que Micaela nunca conoció. Así que trató de hablar con ella y saber cómo hacía para encontrar al abuelo, de qué hablaban y muchas otras dudas que tenía Micaela. Pero la mamá tampoco entendió, la miró dulce, dulce, con esos ojos que sólo tienen las mamás y le dijo:

– Micky, – así le decía la mamá cuando le iba a contar algo que ella preferiría que fuese de otra manera – cuando la gente se muere, se va. Nosotros ya nunca, nunca más podremos verla; cuando muramos como ellos, puede ser que volvamos a vernos…,  eso nadie lo sabe con seguridad. Mientras, sólo nos queda el recuerdo que guardamos en nuestro corazón.

Micaela no insistió, si no entendía, no entendía, tarde o temprano lo iba a  comprender. Ésa era otra ley del Universo de la Magia: Todo llega, a su debido tiempo las cosas ocurren, la gente aprende…

En definitiva, o bien no se acordaban o bien se mentían ellos solos diciendo que nunca habían estado allí.

Bueno, no importaba, Micaela creía que algún día encontraría a alguien que hubiera estado allí sin olvidarlo. Seguro que no le tendría que decir ni preguntarle nada, la iría a saludar, derechito y sin dudarlo como a una vieja amiga de aventuras.

 

XII.

 

Micaela, mientras, realizaba sus pequeñas tareas en El Universo De La Magia. Ayudaba aquí o allá, otras veces, la ayudaban a ella y… otras tantas veces entendía nada de nada y hacía cualquier cosa.

Pero la vez que Micaela llevó a cabo uno de sus mejores trabajos fue en La Gran Reunión Del Gran Consejo De Este Lado De Acá.

Fue así. Micaela andaba de paseo por el Universo De La Magia como cualquier otra noche más. Primero, por una ciudad, luego, por otra. Después entró a un restaurante, en él había un señor y una señorita que solían cenar juntos allí y Micaela ya había visto un par de veces. La saludaron cortésmente y ella contestó el saludo.

Salió, tomó un tren y, de pronto, se encontró volando sobre una gran flota de barcos que navegaba en el mar.

“Una flota de barcos que navegaba en el mar”… eso le recordaba algo que le habían dicho hacía tiempo…, ¿ pero dónde ?… “Cuando una flota de barcos se reúna en el Mar, El Gran Consejo De Este Lado De Acá llevará a cabo su Gran Reunión”.

…¡ Claro !… Ésa era la noticia, ahora recordaba.

Allí estaba el Mar, allí, los barcos y seguro… El Gran Consejo De Este Lado De Acá se reuniría cerca.

Un ser se le acercó, era un viejo conocido de Micaela. Se saludaron y siguieron volando juntos. Otro ser, que ninguno de los dos conocía, se acercó también, uniéndoseles.

Al rato de estar juntos, un ser Dorado fue volando hasta ellos y les dio la BIENVENIDA, se saludaron rozando apenas la punta de los dedos. Descendieron a la tierra y se quedaron en ronda, disfrutando en silencio de la compañía que se brindaban mutuamente.

El ser del lugar, el Dorado, era hermoso a los ojos de Micaela: brillante, los dedos largos, sin cabellos, delgado y armónico, con los ojos de un color verde luminoso. Su piel era cálida y fría a la vez.

Después de un tiempo, el Dorado habló dirigiéndose a Micaela.

– Pronto El Gran Consejo De Este Lado De Acá se reunirá. Tú has venido por que eres uno de los terrestres que tendrán la oportunidad de formular sus preguntas al Gran Consejo. Es un gran honor, podrás acceder a conocimientos que, por ahora, han permanecido muy lejanos para ti.

Micaela se alegró… podría saber más cosas. ¿ Qué preguntaría ?… Seguro sobre el Mago Sharman… ¡¡¡ Por fin podría saberlo todo !!!…  ¿Qué haría ?… ¿ Dónde estaba ?… ¿ La quería ?… ¿ Cuándo lo iba a ver ?… ¿Qué tenía que aprender para llegar allá ?… Iba a preguntar todo, Todo, TODO.

Micaela y su amigo siguieron al Dorado, el otro ser fue conducido hacia un sitio diferente. Micaela trató de recordar su rostro, estaba segura de que debía vivir en la Tierra y quizás hasta en su propia ciudad; si alguna vez llegaba a verlo, quería poder reconocerlo.

Llegaron a un edificio de oficinas muy grande, de sólo un piso de altura y rodeado de jardines. Los condujeron a través de un pasillo y se detuvieron ante una mesa de recepción rodeada de escritorios en los cuales había personas trabajando.

La recepcionista preguntó al Dorado por sus acompañantes.

– Ella… – dijo el Dorado, muy cortésmente y señalando a Micaela con su delicada mano – … preguntará ante el Gran Consejo.

La recepcionista asintió en silencio, luego dirigiéndose a Micaela a le preguntó:

-¿ De dónde eres ?…

La pregunta fatal.

– De la Tierra – contestó Micaela.

La mujer la miró y sonrió con una mezcla de lástima y decepción. Las demás personas que estaban trabajando también escucharon la respuesta y su reacción fue la misma, sólo el Dorado se mantenía sereno y amable. El amigo de Micaela también era terrestre.

– Pueden esperar por ahí, – dijo la recepcionista a Micaela y su amigo y agregó – no molesten ni rompan nada.

Micaela ya había sufrido otras veces esa reacción. Los terrestres eran considerados por muchos seres del Universo De La Magia como salvajes y bárbaros. Los que pensaban así no eran los seres del Centro, por supuesto, ellos veían con bondad y amor a todos los seres, estuvieran donde estuvieren.

En cambio, los que en crecimiento se hallaban cercanos a la Tierra, la criticaban sin piedad, con razón justificada para ellos. Claro, si en la Tierra se destruía todo: las piedras, las plantas, los árboles…, se contaminaban ríos y mares, se mataban toda clase de animales por cualquier motivo: para comer, para usarlos de ropa… ¡¡¡ si hasta se los mataba por pura diversión !!!…

Y lo peor de lo peor, el colmo de los colmos: se mataban entre los propios humanos. En la Tierra no se respetaba vida alguna, ningún tipo de existencia. La tierra era vista como un planeta lleno de desalmados y sanguinarios seres.

Micaela se entretuvo caminando por ahí con su amigo. En uno de los pasillos había unos nenes que jugaban en el piso, sus juguetes ocupaban todo y casi no se podía pasar. El amigo de Micaela pasó con mucha dificultad. El problema fue cuando Micaela trató de pasar, por no pisar la mano de uno de los chiquitos, pisó un juguete… y lo rompió. El chiquitín se levantó y, llorando a gritos, fue a buscar a su mamá.

Micaela y su amigo se miraron desconcertados, sentían que en ese lugar nadie iba a querer entender lo que en realidad había pasado, seguramente les echarían la culpa. Claro, si eran terrestres… siempre rompiendo todo, hiriendo a las personas y haciendo sufrir a los demás… ¡¡¡hasta a los niños !!!!

Junto con su amigo iban a ir a buscar al Dorado, cuando una mujer furiosa los detuvo, les gritaba diciéndoles que le habían pegado al chico, que eran unos salvajes, que cómo le podían pegar a alguien allí donde se reuniría el Consejo, que no se merecían estar donde estaban, que eran todos iguales…

Micaela, desbordada, quería hablar, decir algo…, pero nada le salía. El dolor y el enojo luchaban en su garganta, transformándose en impotencia.

De pronto apareció otra mujer acompañada por el Dorado y juntos trataron de calmar a la mujer furiosa explicándole que era un error, que nadie le había hecho daño a alguien, que todo era una confusión y que era mejor disculparse.

…Pero Micaela ya no quería escuchar más… se quería ir. Salió rápido, sin correr, pero rápido. Caminó por el pasillo, atravesó el portón, el jardín, cruzó la calle y recién al llegar allí, a un claro del parque que parecía un bosque, se dio vuelta.

El enojo y el dolor dejaron de luchar, sólo quedó la injusticia. Con el rostro lleno de lágrimas les preguntó a la distancia:

– ¿ Qué derecho tienen de juzgar a todos por igual ?… ¿ Por qué no tratan de conocer antes de opinar ?… Ningún ser es igual a otro, aunque nos parezcamos, somos distintos… entonces… ¿ POR QUÉ JUZGAN A TODOS LOS TERRESTRES POR IGUAL ?…

Ahí fue cuando Micaela se dio cuenta, levantó la vista y los vio… allí estaban, flotando sobre ella, a escasos metros del suelo.

El Gran Consejo De Este Lado De Acá se hallaba sesionando en su Gran Reunión… y Micaela se hallaba justo en el centro. Iba a comenzar a pedir disculpas, cuando despertó.

Lo estuvo pensando durante todo el día y, en verdad, no sentía que hubiera hecho algo malo. Al fin y al cabo, la habían llamado para preguntar y ella había preguntado… lástima no haberse quedado lo suficiente para conocer las respuestas.

Pero lo cierto era que no importaba que las supiera. Para El Gran Consejo De Este Lado de Acá Reunido En Su Gran Reunión, sólo era importante que un terrestre las hubiera formulado.

Y, sin que Micaela lo supiera, ella había ayudado a crecer un poquito más a la Tierra.

 

XIII.

 

Donde más se le producían las dificultades a Micaela era en la Tierra.

Acá a los seres no les bastaba con mirarse a los ojos para entender lo que se querían decir, nada de eso, acá cada uno entendía lo que quería; por ejemplo, los papás de Micaela.

Un día por la tele, La Gran Noticia… al menos “La Gran Noticia” para Micaela. Para un señor de la Bolsa seguro “La Gran Noticia” era la baja de acciones y para un hincha de fútbol, quién había ganado el partido. Pero “La Gran Noticia” para Micaela era que un Gran Amigo del Mago Sharman, es más, uno de los Mejores Amigos del Mago Sharman, iba a ir a visitar el país de Micaela y justo, justo iba a ir a La Capital…, ¡¡¡ la ciudad donde vivía Micaela !!!

Micaela estaba expectante, esperaba todos los días que volvieran a hablar del Mago. Desde esa noche oía muy atenta el Noticiero y no se perdía uno, es más, le prestaba más atención al Noticiero que a los dibujitos.

Los papis se intercambiaban miradas sin comprender ese repentino interés de Micaela en el Noticiero y esperaban ver en qué terminaba.

Una noche… ZZAASSS… la Noticia llegó.

– Directamente desde el aeropuerto, nuestro compañero entrevista al gran, Gran Amigo del Mago Sharman. Ahí va la nota… – anunció el presentador de la tele.

Micaela se quedó quietecita y el corazón se le aceleró un poquito, no tanto como cuando había visto al Mago Sharman, pero sí un poquito.

El señor parecía resimpático, hablaba y reía, cuando le preguntaban del Mago se ponía un tanto triste, hablaba de ÉL con mucho Amor y cariño.

Micaela paró las orejas. Bueno, en realidad no “paró las orejas” ( las nenas no paran las orejas, los gatos y los perros, sí ), pero prestó mucha atención.

Decía que iba a estar en un Hotel en El Centro y que iba a dar conferencias en distintas Salas y algunas en El Teatro De La Ópera.

En la cena Micaela miró directo a los ojos a la mamá y le dijo:

– Mami, quiero ir a pasear al Centro.

– Mañana no tengo tiempo, tengo muchas cosas que hacer – contestó la mamá mientras se servía ensalada.

Micaela no lloró ni puchereó. Si no podía, no podía…, no volvió a hablar más del tema, aunque le quedó un nudito en la garganta.

Para la mamá Micaela estaba desconocida, había pedido algo, ¿cómo no gritaba ni lloraba… o, al menos, puchereaba porque no lo tenía ?…

Claro, no sabía que, noche tras noche, en El Universo De La Magia, Micaela aprendía cosas nuevas.

Ya sobre el postre, la mamá miró al papi , luego a Micaela y dijo:

– Micky, yo no te puedo llevar mañana al Centro, pero si papi quiere, el fin de semana podemos ir a pasear juntos por allí los tres.

El papá de Micaela agregó, llevándose un buen bocado de helado a la boca.

– Me parece una buena idea, hace mucho tiempo que no salimos a pasear al Centro.

Al papi también le resultaba desconocida la actitud de Micaela y estaba un poquito intrigado.

Micaela pasó los días pensando en el fin de semana, tenía miles de problemas que resolver: qué vestido se iba a poner, cómo iba a saludar al Amigo del Mago Sharman, qué cosas le iba a contar y cuáles le iba a preguntar….

Y llegó el fin de semana

Micaela estaba hermosa, con moños de raso en las colitas del pelo, vestido floreado con un gran cuello bordado, medias largas blancas, tapado rojo con adornos negros, zapatos de charol y su cartera preferida,  por supuesto al tono con los zapatos. Sólo un toque del perfume caro de mamá que más le gustaba y lo mejor, una amplia, amplia sonrisa en su carita.

Subieron al auto y juntos fueron al Centro.

Pasearon por acá, pasearon por allá…, pero del Amigo del Mago Sharman, ni rastros. Si había dicho que estaba en El Centro… ¿ dónde se había metido ?…

– “¡¡¡¡ AHHHHHH !!!!”, – recordó Micaela – …”El Teatro De La Ópera… Ahí, seguro que “ahí” debía estar.”

Se bajó de la hamaca del parque y fue corriendo al encuentro de sus papis que estaban sentados en un banco, comiendo higos confitados. Micaela sabía a quién debía dirigir su petición, por supuesto, al que manejaba el auto.

– Papi, papi… quiero ir al Teatro De La Ópera – y se paró delante de él con la carita llena de esperanzas.

No podía decirle que no, pocas veces ella iba al Centro. El papi trabajaba allí, pero a Micaela sólo la llevaban a pasear y seguro que para la próxima vez que fuera, El Amigo Del Mago ya se habría ido. Entonces sintió que de ella surgían unas palabras mágicas, que le nacían del corazón y le salían a la boca… quizás, también, el efecto fue porque las dijo con toda su alma.

– …Por favor…

El papi la miró, miró a la mamá y la volvió a mirar a ella.

Los papis de Micaela algo debían de intuir del lenguaje del Universo de la Magia porque nunca tomaban una decisión sin antes haberse mirado profundamente a los ojos. Entonces  el papá respondió.

– Está bien, vayamos al Teatro De La Ópera.

Pobres papis, nada entendían. Claro, no podían darse cuenta de que Micaela, en verdad, sólo estaba buscando al Amigo Del Mago Sharman.

Fueron en el auto al Teatro De La Ópera que no quedaba demasiado lejos. Justo, justo llegaron para una “Visita Guiada”. Micaela no sabía qué era eso, pero tampoco iba a discutir mientras pudiera entrar al Teatro.

Una señora los saludó y los invitó a unirse a un grupo, después comenzaron a caminar todos juntos deteniéndose cuando la señora que iba al frente y hablaba como una maestra así se los indicaba. La señora sabía un montón, hablaba de esto y de lo otro, contaba la historia del Teatro De la Ópera y explicaba qué se hacía allí y cómo.

Micaela pensaba qué bárbaro sería eso si lo hicieran en El Universo De La Magia, podría conocer todos los rincones y comprender un montón de cosas que todavía no llegaba a entender. Si hicieran visitas guiadas en El Universo De La Magia, ella seguramente no se perdería ni una.

La guía del Teatro les mostró la Gran Sala, el escenario, los camerinos, los salones de ensayo, los talleres, el depósito… todo, Todo, pero el Amigo Del Mago Sharman no aparecía.

Micaela suponía que quizás, como había llegado hacía poquito, al final de la visita los llevarían a conocerlo y entonces ella podría hablar con él. Pero el Teatro era inmenso y parecía que nunca terminarían de recorrerlo. Tanto caminaron y caminaron que antes que terminase la visita, Micaela se quedó dormida en los brazos de su papá.

…Y ya no se despertó, ni siquiera cuando salieron del Teatro ni cuando iban en el auto ni cuando llegaron a la casa, mucho menos cuando, con mucho cuidado, le cambiaron la ropa, le pusieron su piyamita y, apagando las luces, la acostaron en su cama.

Micaela soñó. Estaba en un hotel, cerca de ese mar que tanto amaba, en una habitación para ella sola. Lo que ocurría era más o menos así: había unos seres que perseguían a otros y había otros que querían dañarlos, pero Micaela y unos amigos pudieron resolver todo y así nadie salió lastimado.

Por fin, Micaela cansada, pero sabiendo que la misión estaba cumplida, se sentó en una ronda de chicos. De un carromato gitano salió de pronto y muy graciosamente, un mago. No iba vestido como el Mago Sharman, no llevaba jeans, remera y zapatillas, nada de eso. En cambio, tenía una camisa blanca con las mangas muy, muy amplias, un chaleco que brillaba, una galera en la cabeza y una capa grande, grandísima, toda negra por fuera y toda roja por dentro.

El mago hacía trucos: sacaba conejos, hacía aparecer palomas, de detrás de la oreja de un chico hizo salir cuatro bolas de cristal grandotas, una azul, una ámbar, una rosa y otra transparente y pura como el agua de deshielo. Las bolas flotaban en el aire en una extraña danza, mientras los chicos aplaudían y reían. El mago tomó cada una de ellas y se las dio a distintos chicos, a Micaela le dio la que parecía agua.

Cerca de allí, alguien, de pronto, encendió un televisor. Poco a poco los chicos dejaron de fijarse en los trucos del mago y, uno a uno, se acercaron a la brillante pantalla del aparato.

Micaela ni se dio cuenta de todo esto, abstraída, totalmente transportada, miraba muy, muy atentamente todo lo que hacía el mago. Pronto quedó sola, sentadita con la boca “así” de abierta mientras el mago continuaba haciendo trucos sin cesar, sólo para ella. De su mano mágica empezó a sacar pañuelos y pañuelos, Micaela reía y reía, mostrando su fila de dientes de leche, chiquititos y parejitos como los de un ratón.

El mago empezó a reír junto a la risa de Micaela.

– ¿ Te gustan los pañuelos,  Mariposa ?- le preguntó el mago.

Micaela dijo “sí” con la cabeza sin poder hablar, nunca le habían dicho algo tan bonito… “Mariposa”. Y en la voz del mago y en su sonrisa esa palabra era en verdad mágica.

El mago tomó el último pañuelo, el más bonito y se lo extendió a Micaela. Ella se levantó despacito, casi sin creerlo…, ese pañuelo mágico era para ella y sólo para ella. Lo tomó delicada, pero firmemente, como si se fuera a ir volando, como las palomas. Lo miró un instante,  luego, llena de alegría, le extendió los brazos al mago. El mago la alzó y la abrazó con ternura contra su pecho.

¡¡¡¡ Tenía un pañuelo mágico para usar en El Universo De La Magia!!!!… Un pañuelo mágico… y no se lo había regalado cualquier mago, se lo había regalado El Amigo Del Mago Sharman.

…Y la había llamado Mariposa.

 

XIV.

 

Nada más quiero agregar a lo que voy contarles ahora, pues no hay mucho más que decir sobre ello, pero me gustaría que lo lean y escuchen muy atentamente ya que es lo más importante de todo lo que han leído hasta ahora. Por favor, presten mucha atención.

Micaela se había ido de vacaciones, era la primera vez en sus casi cinco años de vida y los papis la llevaron al Mar.

Micaela no conocía el Mar en la Tierra y le pareció igual de hermoso que en sus sueños, sólo que un poco más chico.

Más de una vez, en los días que estuvo allí, mientras lo miraba desde lo alto de una duna, había sentido el impulso que la hacía volar sobre él… es tan hermoso el Mar debajo de uno cuando se vuela por el cielo… es como flotar en el Infinito.

Allí, cerca del Mar, Micaela se olvidó por un tiempo del Mago Sharman.

Cuando volvió a su casa ni lo recordaba ni pensaba en él. El Mar, la playa y el cielo abarcaban todos sus pensamientos… Quizás, precisamente por eso fue que sucedió.

Micaela creyó oír la voz del Mago. Se levantó despacio de la cama dejando en ella su “casa”, ésa que el Mago había hecho quemar cuando se fue, y caminando de puntillas atravesó la sala y abrió la puerta, salió al pasillo y llamó el ascensor. El oso de peluche la seguía y trataba de atraparla para detenerla, pero por suerte siempre estaba un movimiento después que Micaela.

El ascensor llegó, Micaela subió en él y alcanzó a cerrar la puerta delante del hocico del oso. Apretó un botón y CHAUUU…

El ascensor comenzó a descender, se detenía en algunos  pisos y subía y bajaba gente de él. Pronto se llenó y Micaela se quedó muy quietecita en medio de tapados, señores con traje y señoras con vestidos largos. Cuando llegó a planta baja, salieron al amplio vestíbulo del Hotel lleno de lámparas de cristal, sillones de terciopelo, mullidas alfombras y paredes de mármol.

Micaela caminó un poquito, luego se acercó a una chica que tenía cara de trabajar allí y le dijo suavecito:

– Hola, buenos días. Estoy buscando al Mago Sharman.

La chica no se extrañó ni se quedó pensando en nada, sin dudarlo, le respondió:

– Sígueme, no sé si está revisando las habitaciones o si está supervisando la comida – fue su simple contestación.

Micaela la siguió y un montón de dudas comenzaron a golpearle el pecho junto con su corazón. Sin embargo, una parte suya estaba serena y tranquila, ocurriría lo que tenía que pasar y lo que no, no ocurriría. Llevaba ya casi un cuarto de su vida buscando al Mago y estaba acostumbrada a no generarse expectativas.

En el camino a la cocina se cruzaron con otra chica con uniforme de camarera, la primera joven le preguntó dónde estaba el Mago.

– Está en la cocina, revisando todo para la cena, luego irá a  supervisar a los músicos para el concierto.

Así que ésa era la última tarea del Mago: responsable de uno de los Hoteles más importantes cercanos al Casi Centro De Luz del Universo De La Magia. En un sitio como ese,  en donde permanentemente se viajaba y se mudaba de lugar, los Hoteles eran importantísimos refugios de tránsito que debían funcionar a la perfección. Y el Mago Sharman había llegado a ser Director de uno. No cualquiera podía llegar a desempeñar una tarea así, pero por supuesto el Mago Sharman  no era cualquiera.

– Esta niñita quiere hablar con Él – le informó la chica al tiempo que señalaba a Micaela.

La camarera entonces se dirigió a Micaela y le solicitó amablemente:

– Sígueme.

Y allí fue Micaela detrás de la otra muchacha. Luego de andar por un par de pasillos en medio del ajetreo de los empleados, traspasaron unas puertas de vaivén y entraron a la cocina. Esta era inmensa, estaba llena de hornallas y de hornos, de fuegos en donde se cocían sabrosos alimentos; del techo colgaban cacerolas, cacerolitas y utensilios de todo tipo y tamaño. Se veía trabajar gente por doquier con suma rapidez y eficiencia. Allí todos disfrutaban con su trabajo por más mínimo que fuese pues sabían que era importante para que todo anduviera bien. Después de un par de vueltas, llegaron por fin a un rincón de la cocina.

Alejado apenas de los cocineros, un señor de bigotes hacía anotaciones en una carpeta. La camarera dejó a Micaela junto a él y, sin presentarla ni avisarle de su presencia  al señor, se fue.

Micaela esperó. El señor levantó lentamente la vista y fijó sus serenos ojos azules en ella.

– Hola, soy Micaela – le dijo entonces… mejor dicho, fue lo único que se le ocurrió decirle.

– Hola – dijo él, – soy el Mago Sharman, aunque hace ya un largo tiempo que nadie me llama así.

– ¿ Pero eres realmente el Mago Sharman, el Mago Sharman de allá, de la Tierra ?…

Y Micaela no necesitó oír su respuesta para saberla… eran sus ojos, esos ojos que ella nunca jamás podría olvidar.

En otro tiempo habían sido oscuros, ahora eran azules, tan azules como el Mar de Micaela, pero la mirada, el alma que se mostraba a través de ellos, era la misma.

– Sí – respondió él.

Y ese sí vibraba más cierto que la Verdad.

Entonces fue en ese preciso instante cuando Micaela tuvo la pregunta que había desconocido tanto tiempo:

– Y vos y yo, Mago… ¿ qué tenemos que ver ?…

– Mucho – contestó fijando sus cálidos ojos en los de ella – y desde ahora en adelante, mucho,  mucho más…

Entonces Micaela, sin poder controlar sus emociones, se desvaneció. Flotando en la nada mantuvo por un instante la mirada del Mago. Luego, como una piedra, como un meteorito, cayó nuevamente hacia a la Tierra.

 

XV.

 

Pasaban los días y Micaela no lograba descifrar el jeroglífico.

No entendía la respuesta del Mago. ¿ Qué había querido decir ?… Pensó que por ahí, todos los mismos días de la semana iguales al  que lo había encontrado, lo volvería a ver…, mas no fue así. En El Universo De La Magia las reglas no eran tan simples como en los cuentos de hadas… o como en la Tele. En realidad eran mucho más sencillas todavía, pero, como Micaela no las conocía ni las entendía todas, no podía saber qué había querido decir el Mago.

Tampoco logró entenderlo la siguiente vez que habló con él.

Era de noche, como siempre… de pronto, su voz. Esta vez cantaba una canción muy bonita.

Micaela saltó de la cama, cruzó el comedor, el living, salió al pasillo y tomó el ascensor. Esta vez el oso de peluche no la siguió. “Planta baja” marcó Micaela y cuando descendió en ella, vio que el ascensor la había conducido al pasillo de un gran hospital casi desierto. Este hospital no era el mismo donde había estado el Mago, no… este era más nuevo. Caminó por los pasillos casi vacíos hasta que salió a la calle de una gran ciudad; vio a un policía dirigiendo el tránsito y pensó que era la persona indicada para preguntarle.

– Disculpe, oficial, buenos días. – Salvo en las zonas de oscuridad, cerca del Centro siempre era atardecer -. ¿ Me podría informar dónde se encuentra el Mago Sharman?…

El oficial detuvo el tránsito y prestó atención a la niña.

No se escuchó ni un bocinazo ni algún tipo de protesta por parte de la gente que manejaba. Era obvio, alguien pedía ayuda y todos ayudarían en la medida que pudieran.

– Sí, – le contestó el agente – se encuentra en una Gran Convención Y Congreso General De Los De Acá, Los De Allá Y Los De Más Lejos.

– ¿ Me podría indicar cómo llegar?- le preguntó Micaela.

– Es más, – le dijo el oficial llamando por señas a su compañero que estaba en la vereda – te guiaré yo mismo.

Diciendo esto dejó dirigiendo el tránsito a su amigo y empezó a caminar con ella.

Esas ciudades eran realmente mágicas para Micaela, limpias, tranquilas, llenas de personas, pero personas que no se empujaban o gritaban entre sí como acá. Aunque se trabajase mucho, la gente no sufría “estrés”, eso de lo que hablaban y se reían los papás de Micaela. Sabían trabajar, sabían divertirse y sabían descansar.

Claro, si se agrupaban por lo que sentían, seguro que allí todos se llevaban bien;  tenían pensamientos nobles e intenciones buenas y sentían amor hacia todo y hacia todos, empezando por ellos mismos. Hacían exactamente lo que querían y se les daba en gana y, como lo que sentían y pensaban siempre era justo y bello, vivían eternamente en armonía.

A Micaela le hubiera gustado tanto vivir allá, pero había nacido en la Tierra y no debía ser por azar. Quizás las cosas que sentía y pensaba no eran tan buenas como creía y tenía justo- justo lo que se merecía: vivir en la Tierra. Algún propósito debía haber en ello… por supuesto, no era un castigo, nada más alejado de eso. En El Universo De La Magia no existía la palabra castigo; se aprendía por Amor, como Micaela estaba haciendo al buscar al Mago. Se recibía lo mismo que se daba, sólo que a veces uno no era del todo consciente de lo que daba. De todas formas siempre se hacía, sencillamente, Justicia.

– ¿ Puedes volar ? – preguntó el policía sacando a Micaela de sus pensamientos.

– Claro – dijo ella.

– Sígueme entonces – le dijo el agente y, despegando sus pies del piso, se elevó hasta lo alto de los edificios.

Micaela lo siguió. No pasó mucho tiempo cuando le avisó:

– Falta poco, como unas cuadras.

Pero Micaela empezaba a sentir un vacío, ese vacío que siempre se anticipaba a sus desvanecimientos. El oficial apenas había terminado de hablar, cuando Micaela, efectivamente, se desvaneció.

Luego de los desvanecimientos, siempre se sentía flotando en la oscuridad a solas con su pensamiento, sabiendo que allá lejos, en la Tierra, su cuerpo dormía cómodo en la cama abrazado al oso. Esta vez no regresaría tan pronto a él, volvería a la ciudad y vería al Mago Sharman. Lo había hecho una vez y lo haría otra más.

Se concentró, buscó dentro de sí la cuerda que vibrara con la misma sensación que había sentido al estar en la ciudad,  relajó sus ojos, como si nada quisiera ver… y la ciudad apareció ante ella.

Estaba en otra calle, en la zona del centro comercial. Debía de estar cerca del lugar de la Convención, pero sentía el vacío acechante del desvanecimiento en algún rincón… No, no volaría, debía encontrar otro medio si quería llegar.

Preguntó por el Mago a alguien que pasaba por la calle y le indicaron un negocio cercano. Entró en él, era una joyería muy fina atendida por dos señores viejecitos y con traje, chalecos y relojes de bolsillo. Al verla, ambos la saludaron muy cortésmente. Uno tenía moño y bigotes y el otro tenía corbata y anteojos.

– Buenos días, señorita, ¿ podemos servirle en algo ? – le preguntó el señor con moño.

– Sí, – se apresuró a decir Micaela – busco al Mago Sharman.

Parecía medio tonto decir esto en una joyería, pero era la pura verdad.

– AHHHH…, – exclamó el señor con corbata – es un viejo amigo nuestro. ¿Desearía hablar con él?…

– Sí, – contestó Micaela y se apuró a aclarar – aunque no tengo mucho tiempo…

– Espere, por acá debemos tener su número. – Y tomando un índice telefónico se puso a buscarlo.

Claro que los amigos del Mago Sharman podían ser joyeros, ¿ acaso el oro no es como mágico y los diamantes y las piedras preciosas… ? ¡¡ Si hasta los relojes son mágicos !!!…

– ¡ Acá está !…, – exclamó contento el señor con corbata -. Permítame discar.

El señor se acercó a un antiguo teléfono con un disco redondo que tenía varios números.

KICCC… DRINGO… KICCC… DRIIIINNGGQ… KIICC… DRINNN… KKIIIC…. DRIIIINNO… DRIIIING….

– Hola…, sí ???… con el Mago Sharman… Gracias… Hola, ¿ Mago Sharman ?… ¡¡ Qué tal ???… Bien… bien… Acá hay alguien que quiere hablarte…

Con una sonrisa amable le extendió el tubo del teléfono a Micaela, que lo tomó “así” con las dos manitas, lo acomodó entre el cabello enrulado y la orejita y se alejó, para poder hablar muy a solas con el Mago.

– Hola… Mago Sharman ?…

– Sí ?…

– Habla Micaela… cómo estás ?…

– Bien… Muy contento por ti.

– ¿ Por qué ?…

– Porque estás aprendiendo… ya sabes cómo y dónde encontrarme.

Micaela esperó un poquito. Lo que iba a decir le había estado haciendo cosquillitas en su alma desde hacía mucho tiempo, desde mucho antes de la época en que trataba de olvidar para qué podría estar buscando al Mago.

– Mago Sharman…

No, no se animaba a preguntar, pero si no lo hacía, no lo sabría y…  tomó aire, cerró los ojos y desde allí, muy, muy adentro, preguntó:

-… Mago Sharman…  yo soy tu “TÚ”…

…Y se detuvo porque de la mezcla de emociones no lo podía pronunciar.

El Mago pareció sonreír allá lejos. Podía sentir todo lo que le pasaba a Micaela.

– Sí, – respondió claro y sereno- eres mi “MÍ”.

– Entonces, – dijo Micaela sin aliento- tarde o temprano nos reuniremos…

-SÍ.

Micaela se desvaneció.

En su regreso escuchó una canción que el Mago Sharman había escrito allá, en El Universo de la Magia. Hablaba del Tiempo, del Infinito y de los Rayos de Luz que, atravesando el espacio, buscan su destino.

 

XVI.

 

Micaela no volvería a ver al Mago en mucho, mucho…, muchísimo tiempo.

Había llegado a estar junto a él, le había hablado… ¿ por qué ahora sólo fracasos ?… ¿ por qué otra vez el cielo se volvía cielorraso y el mar era de cartón pintado ?…

Vagaba nuevamente por El Universo De La Magia sin poder encontrarlo. Las veces que casi había tenido éxito, que había preguntado y la conducían a encontrarse con él… PAFF… justo antes de verlo, se desvanecía irremediablemente. Parecía como si algo estuviera impidiéndole encontrarse con Él. Micaela no había pensado que quizás ese algo fuese ella misma.

Esa vez había llegado al Universo De La Magia ( cosa que cada vez le costaba más poder hacer ) y, pidiéndole a su ángel que la guiara, había volado por calles hasta llegar a una gigantesca librería y editorial: nuevo trabajo para el Mago Sharman.

Entró y se adelantó a una señora para que la atendieran antes, tratando desesperadamente de controlar el vacío. Dirigiéndose a uno de los empleados del mostrador le preguntó:

– Hola, ¿ se encuentra el Mago Sharman ?…

– No – contestó levantando apenas la vista de su trabajo -. Hoy no está, por favor vuelva mañana y lo encontrará.

¡¡ No podía ser !!!… ¡ Con lo que a ella le costaba llegar hasta allá, encontrarlo y tratar de hablar con él… resulta que no estaba !!!… Pero ella se iba a ocupar de que se enterara de que había estado por ahí.

– ¿ Le puedo dejar un mensaje ?- insistió.

– No.- Fue la corta respuesta del empleado y volvió la vista a lo que estaba escribiendo.

– ¿ Por qué ?… – comenzó a indignarse Micaela… ¡ Cómo podía dar una orden así sabiendo que ella solía dejarle mensajes !…

– Porque está prohibido.

– ¿ Por quién ?… – Ya se iban a enterar quién era ella…

– Por la Señora Virginia.

Bueno, eso era distinto. Si lo ordenaba alguien superior al Mago Sharman, él, ella y todos debían obedecer. La Señora Virginia sabría por qué lo hacía.

Pero Micaela igual estaba molesta, quería que le prestaran atención, así que empezó a hacer preguntas.

– ¿ Qué cosas se hacen aquí ? ¿ A qué juegan ?…

Nada, el empleado parecía no escucharla. Entonces se dio vuelta y arremetió contra una señora de la fila.

– Señora, ¿ qué se come acá ?…

– Comer… comer… creo que todavía queda una persona que come… Sí… me parece…

Y Micaela se desvaneció.

De regreso se prometía que nunca, nunca volvería a buscar al Mago. ¡ Qué desconsiderado ! Con todo lo que a ella le costaba llegar, con todo el esfuerzo que ponía en aprender, El Mago no estaba allí dispuesto a recibirla en el momento en que ella llegase. ¡ Ni siquiera le habían permitido dejar un mensaje !!… ¿ De qué había valido tanto esfuerzo si ni siquiera le daban esa pequeña satisfacción ?…

Y si bien Micaela casi se despierta llorando… se despertó riendo.

Claro, riéndose… ¿ De qué ?… ¿ Cómo de qué ?… De ella misma… ¿De quién iba ser ?…

Pretender que el Mago estuviera a su exclusiva disposición quería decir que no había aprendido nada de nada. Él tenía sus obligaciones y ella, las suyas; también tenían sus momentos para encontrarse. El Mago nada tenía que ver con que a Micaela le costase tanto llegar a los lugares donde él estaba, ese era un asunto de Micaela y que sólo ella podía resolver.

Además…, ¿ qué era “eso” de que, por aprender, se merecía cosas ?… Las cosas se aprenden porque se quieren no para obtener “esto” o lo “otro”, eso viene después como una simple consecuencia. Se aprende para cambiar, para ser mejor, para crecer…

Ésa era la Magia del Mago Sharman, la misma Magia de El Universo De La Magia. Esa misma Magia que la había tocado allá lejos, hace mucho tiempo, cuando su mamá se puso a llorar delante de la pantalla de un televisor, cuando un terrestre abandonó para siempre su mundo para mudarse definitivamente a otro.

Implacable, había llegado la Magia hasta ella… y Micaela ya no podría detenerla.

 

XVII.

 

Las luces de la casa estaban apagadas, el silencio llenaba todos y cada uno de sus rincones.

Micaela dormía en su cama de sábanas blancas, la larga cabellera enrulada dispersa sobre la almohada.

El Mago podía ver esto y mucho más. Para los seres mágicos como él, la luz iba allí donde se encontrasen. Acarició los cabellos de la niña, hundió sus dedos por entre los bucles hasta que se enredaron, sacó su mano con suavidad del cálido nido y deslizó suavemente el dorso  por la asedada mejilla

Micaela sonrió profundamente dormida.

El Mago se acercó más a ella y besó primero la frente y luego su pequeña naricita metereta; se arrodilló junto a la cama y comenzó a hablar suavecito, tanto para Micaela como para él mismo.

– Ahora debes estar allí lejos, en El Universo De La Magia, quizás buscándome, quizás ayudando a alguien. Hoy he venido a visitarte… y no estás. Me agrada mucho conversar contigo, aunque a veces sé que no entiendes lo que digo o, como siempre  ha pasado, que cuando despiertas no recuerdas que hemos estado juntos. Eso no importa, el destino final es ineludible para todos. Podremos postergarlo, podremos aplazarlo, pero no puede ser evitado…Y llegará. Desde aquel momento en que nos alejamos, en ese mismo instante, lo creamos. Nos volveremos a unir para ya no separarnos, para vivir eternamente allí, en el Centro de Luz. Debes crecer Micaela, debes aprender tanto como para poder vivir allí. Yo lo intento, día tras día, y, como todos, tarde o temprano lo conseguiré. No temas, yo te esperaré. Es mi destino…, es “Nuestro Destino”.

El Mago calló y se quedó mirando a la niña.

Había crecido con tanto esfuerzo. Muy pronto cumpliría en el Universo De La Magia sus flamantes cinco añitos, pero, en la Tierra, Micaela sólo llevaba vividos veinticinco.

El Mago tomó la mano de la niña y depositó suavemente en ella un beso lleno de Amor.

Pero eso ni Micaela ni ustedes ni yo podíamos verlo.

…Aún.

 

FIN.

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